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Soy Ana Toledo Tengo 26 años. Hace cinco años conocí a Jesús personalmente y quiero pedirte por unos momentos tu atención. Por cosas de la vida la economía de mi casa se fue a pique y con ello el matrimonio de mis padres, lo que terminó en su separación, mis tres hermanos de 7, 17 y 21 años, y yo de 19 años nos quedamos a vivir con mi papá.
Movida por las ganas de estudiar también decidí salir de casa e ir a vivir en la casa de una hermana de mamá, la que pagaba mis estudios. Me dediqué a estudiar en el cursillo de ingreso a medicina en la facultad nacional. En donde finalmente lograría ingresar después de tres años de intento. Mis tíos cubrían mis gastos en la preparación para el ingreso. Pero mi ingreso nunca llegaba, fueron dos años de apoyo económico sin resultados.
Recuerdo que la segunda vez que intentaba ingresar me faltaron tres puntos, lo cual era incalculable para mí, nunca pensé no ingresar, me consideraba muy capaz, eso era muy doloroso, me tocaba el ego, mi orgullo. Eran días tan malos, me sumergí en una profunda depresión, sin apoyo ya de nadie, todos opinando sobre lo que debía o no bebía hacer, lejos de mi casa y de mis padres, sola, esa era la palabra que tenia en el corazón, sola y desamparada.
Eran días que me pasaba durmiendo, dormía de 7 de la noche a 8 de la mañana del día siguiente. Posteriormente, me dieron una beca para volver a prepararme por tercera vez al ingreso de medicina en la UNA pero la condición era prepararme para ser la mejor ingresante, acepté el reto una vez más y volví a estudiar pero esta vez más intensamente.
Decidí volver a casa, aunque ahí las cosas no mejoraban, todo seguía igual o peor, una familia dividida siempre trae secuelas terribles.. destruye el hogar, nuestra economía estaba devastada, a veces ni para pasaje tenía. Cada vez me sentía peor, ya nada tenía sentido en mi vida, me convertí en una chica amargada, llena de resentimientos.
Dios estaba tan lejos de mí, nunca lo consideré, creo que ni solicité su ayuda. No creía en Dios, era una persona dura para eso, y demasiado “pensante” como diría en ese tiempo. Pero Dios ya se había fijado en mí, sus ojos estaban sobre mí, ya había dejado sus 99 ovejas para buscarme a mí y llevarme a su redil. Una amiga que conocí en el cursillo había conocido a Cristo hacía un tiempo, ella me invitó a participar en una reunión para escuchar la palabra de Dios y cantar, “no era eso lo que buscaba”, pensé, pero fui. Nunca antes había sentido lo que sentí en ese lugar, una paz que inundaba mi ser, algo inexplicable, salía del contexto de la lógica que yo trataba de vivir, era Dios mostrándome Su amor.
Poco entendí lo que experimenté ese día, pero llenaba mi ser, me dio vida, quería más de eso, fue así que poco a poco fui rindiendo mi vida a Cristo, y Él me sacó de la miseria espiritual en la que me encontraba. Mi entorno familiar aún no cambiaba, pero mi vida había cambiado, todo tenía sentido. Encontré la razón de vivir y el propósito de estar en este mundo.
Que maravilloso!! Día y noche meditaba en el amor de Dios. “Aunque mi padre y mi madre me abandonen, el Señor me recibirá en sus brazos” Salmos 27:10 Meses después de mi encuentro con Cristo, y de reconocer mi orgullo y de arrepentirme de mi vida pasada sin esperanza y sin Dios. Logré ingresar a la Facultad Nacional de Medicina y creo que no lo hubiera hecho sin Su ayuda, la seguridad que sentía al saber que no estaba sola, Él estaba conmigo y eso era todo lo que necesitaba saber. Mis tres años de probatorio y de mucha necesidad económica me llevaron a dedicarme a enseñar a alumnos de colegio, y también a universitarios; hoy me dedico a eso. Dios puso en mi corazón enseñar, tener un Centro de Estudio y enseñar a miles de persona con pocas posibilidades económicas y hasta intelectuales.
A año y medio de poner a funcionar el centro de estudios ya han llegado unos 100 alumnos a recibir capacitación, de los cuales casi la mitad de ellos lograron ingresar a diferentes facultades nacionales. Cuando activé el sueño que Él puso en mi corazón de enseñar y ayudar a otros así como un día hicieron conmigo, vi la mano de Dios respaldando este sueño y brindándome su ayuda para poder tratar con cada uno de los alumnos con paciencia, llevándoles a ellos a creer en lo que Dios puso en sus vidas, impartiéndoles ánimo y fe en Dios.
Hoy todo tiene sentido, me siento libre de rencores y amargura como dice en una parte de las Escrituras “son como aguas que pasaron” porque Dios me sanó emocionalmente y me llevó a entender que, el propósito de mi sufrimiento pasado sirvió para reconocer mi necesidad de Dios. En este tiempo, descubrí que no era la única que sufría de soledad, amargura o depresión sino que he visto a muchas personas ser sanadas en el alma, en el cuerpo e incluso espiritualmente, personas que conocieron el amor de Dios como yo, y, estoy convencida de que todos necesitamos esto.
De ser una persona escéptica, apática, depresiva, sin motivación, cruel, orgullosa y muchos otros defectos más, he pasado a ser una persona con un corazón enseñable, aprendí a depender de Dios y a creer que con Él todo puedo, que él es mi fuerza, quien me ha devuelto la capacidad de soñar y motiva mi corazón cada día para que el desánimo no me tumbe; me da esperanza, motivación y por sobre todo me da la fe necesaria de saber que TODO LO PUEDO EN ÉL QUE ME FORTALECE. Un Dios que ha cargado mi vida de sueños que, en sus manos van camino a su cumplimiento Él me dice: “Ya te lo he ordenado: ¡Sé fuerte y valiente! ¡No tengas miedo ni te desanimes! Porque el Señor tu Dios te acompañará donde quiera que vayas”. Josué 1:9 Si estas palabras llegan a tu corazón, si oís el llamado de Dios no endurezcas tu corazón, permítele llenar tu vida de propósito y visión, si puedes creer que Jesús vino a este mundo para darte salvación gratuita porque por vos mismo no podes obtener salvación, si te arrepentís de tu vida pasada y necesitas una oportunidad para encausar tu vida hacia un destino mejor, recibe lo que tu ser interior está buscando, lo VERDADERO, lo de Dios.
Repite en oración estas palabras: “Padre celestial, reconozco que soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo murió por mis pecados. Te invito a que vengas a mi vida y sálvame y sé Señor de mi vida. Amén” Gracias por considerar mi testimonio de vida. Dios te bendiga poderosamente. |
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